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16.11.22 A dos meses del asesinato de Mahsa Amini, en Madrid se oye: “Mujer, vida y libertad”.

     El 16  de noviembre se cumplieron dos meses de la detención y muerte de la joven kurda, Mahsa Amini a manos de la “policía de la moral” iraní por el hecho de no llevar bien puesto el velo islámico o jihab, desde esos días un grupo de jóvenes radicados en España se han transformado en la cara visible de las continuas manifestaciones que se están realizando en Madrid.

Una chica se corta un mechón de pelo frente a la embajada de Irán en Madrid.

     Se les ha visto en la plaza del Marqués de Salamanca frente al Ministerio de Relaciones Exteriores, haciendo una sentada, en la plaza de España, en Callao, en Cibeles o en la esquina de Gran Vía con calle Montera. Se han atrevido incluso, acompañados por plataformas sociales y de derechos humanos como Amnistía Internacional, a plantarse un par de veces frente a la embajada de su país. “No pararemos hasta que España expulse al embajador iraní de tierras españolas y haga volver al embajador español de Teherán”.

Un manifestante se viste del Sha frente a Cibeles.

     Para conmemorar los dos meses de la muerte de Mahsa y los cientos de represaliados en tierras persas, están preparando para el próximo sábado 19  de octubre una gran marcha que irá desde Cibeles hasta Plaza España.

Manifestación en la plaza de Callao.

     Son jóvenes, llevan en España algunos años y son conscientes de la falta de libertades y violaciones a los derechos humanos al que está sometido su pueblo por parte de la dictadura de los ayatolás.

Un manifestante denuncia las violaciones a los derechos humanos en Irán.

     Medis, sicóloga y activista con un año y medio en Madrid, es una de las caras visibles, está presente en todas las manifestaciones y aunque su español es casi nulo no duda en arengar a sus compatriotas micrófono en mano. Es una de las más activas en redes sociales.

     “Esta revolución es de las mujeres y seremos nosotras con la ayuda del mundo democrático quienes cambiaremos el destino de nuestro país”, comenta con una mezcla de convencimiento y timidez, que olvida cada vez que hay que protestar.

Encendido de velas en Ópera.

     Habla varios idiomas y es el ejemplo del Irán joven donde más del 60% de los estudiantes superiores y universitarios son mujeres lo que para muchos representa el caldo de cultivo de las movilizaciones y exigencias sin temor, por parte de la población a sus gobernantes.

Los cortes de mechones de pelo se han transformado en un símbolo de las manifestaciones.
     Amacis, es otro de los rostros frecuentes. Lleva 5 años en España en condición de refugiado, es vehemente en sus gestos e iracundo en las manifestaciones, fue detenido dos veces antes de decidirse a emigrar, habla pausado, domina el castellano y tiene sus ideas claras. Llegó solo, con 18 años y se ha adaptado a la vida española, aunque siempre con la preocupación por los suyos. Su familia está siendo perseguida y eso a él le entristece y preocupa.
Un cuerda simboliza la pena de muerte.
     El primer día, en la segunda manifestación que organizaron en Callao se mostraba desconfiado, “pues hay rumores de que se está enviando a gente a fotografiar a los asistentes para luego pasar cuentas”. Repite que todas las personas son bienvenidas si vienen a apoyar la causa, pero tienen miedo y desconfían de toda persona que puedan tener a su lado. No es fácil para ellos, la delación y el chivatazo están a la orden del día. Incluso entre familiares y gente de mismos pueblos.
     La colonia persa en Madrid es pequeña, según el INE, los residentes en la capital alcanzan a las dos mil trescientas nueve personas y se reparten en al menos 45 municipios de la provincia. Esta cantidad representa un porcentaje del 0.03% sobre la población de Madrid. Destacan por ser jóvenes, con una media de edad de treinta y ocho años, cuatro años inferior a la media provincial. 343 son menores de 18 años, 1.810 adultos (18 a 64 años) y 156 mayores de 64.
     La población y las solicitudes de asilo han aumentado en los últimos años y la explicación puede ser por un lado el hartazgo por la falta de libertades en un mundo cada vez más comunicado por parte de los jóvenes y el aumento en dureza y desproporción por parte de los dictadores.
     Nilufar, española naturalizada de origen iraní, lleva 42 años viviendo en Madrid, es una cara visible en las manifestaciones, pero también perteneciente a otra generación. Llegó con 14 años, sus padres eran magos y fueron perseguidos por el régimen porque los artistas no tenían cabida en el país que se formaba tras el derrocamiento del Sha y la revolución del ayatolá Jomeini de 1980.
     Nelly como también le llaman en España, está convencida de que este es el fin de la dictadura islamista y que tarde o temprano verá como su país renace de la mano de las mujeres.
     Recuerda cuando era pequeña y en Irán había ministras, las mujeres tenían derechos y un protagonismo fuera de dudas, incluso hace la comparación de cuando en España la mujer tenía que ir con el marido y el libro de familia para poder abrir una cuenta en el banco. “Irán ha sufrido una involución, mientras que occidente ha ganado en derechos y libertades principalmente para la mujer”.
     Es enérgica y alegre. Desde que emigró con sus padres no ha podido volver a su tierra. Recuerda con emoción alguna vez, hace años “cuando éramos menos”, la ocasión en que oyó en alguna calle de Madrid a algún paisano hablando en Farsí (idioma persa que se habla en Irán, Afganistán, Tayikistán y partes de Uzbekistán además de miles de persas que hay dispersos por el mundo). Esa situación la transportó a su querida tierra donde espera volver algún día.
     A 16 de noviembre, la ONG Iran Human Rights elevaba a Al menos 342 personas, incluidos 43 niños y 26 mujeres, los asesinados por las fuerzas de seguridad en las protestas, mientras que cifra en 477 las ejecuciones en lo que va de año.
     Por esto, todos entrevistados han pedido que por favor cuando oigamos la palabra Irán, recordemos a las víctimas, a los refugiados y a los perseguidos políticos. A las mujeres, a homosexuales o artistas y dejemos los prejuicios instaurados por una propaganda interesada que los quiere relacionar con el terrorismo y el fanatismo religioso.
     Que cuando relacionemos Irán y fanatismo pensemos en los dictadores y fanáticos que por estos días se están haciendo visibles en el mundo pero que llevan décadas matando a su pueblo.

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